¿Por qué hago campaña?

Me llamo Diane Sare, y estoy haciendo campaña como candidata larouchista independiente al Senado de Estados Unidos por Nueva York, adversando al hijo predilecto de Wall Street, cuya lealtad no está con el pueblo de Estados Unidos, sino que sirve al gran dinero, a las grandes compañías de tecnología informática, a las grandes farmacéuticas y al imperio británico; me refiero a Chuck Schumer. Hago campaña como independiente porque, como advirtió George Washington en su Discurso de Despedida, el sistema de partidos no ha servido a las necesidades del pueblo de esta República. Ambos partidos se han convertido en esclavos de los mismos intereses que son dueños del senador Schumer. Me propongo dirigir a esta nación en una nueva dirección, en consonancia con el preámbulo de nuestra Constitución de Estados Unidos, cuidadosamente concebida y peleada con firmeza, que dice que toda política debe promover el bienestar general de todas las personas, no de la clase adinerada a la que sirve Chuck Schumer.

Hago campaña, como lo hizo en su momento el gran neoyorquino, Franklin Roosevelt, en contra de los intereses de Wall Street y a favor de un nuevo acuerdo para la gente de este estado y del país --no el esquema asesino de rescate bancario conocido como el “Gran Trato Verde” que apoya Schumer-- sino a favor de un nuevo orden económico mundial justo que se niegue a dar un valor monetario a la vida humana.


¿Por qué estoy cualificada?

Creo que estoy especialmente cualificada para luchar por los verdaderos intereses de la gente de nuestro estado y de nuestra nación, porque además de ser una dirigente política, soy músico con formación en música clásica. Soy la fundadora y codirectora del Coro del Instituto Schiller de la Ciudad de Nueva York, en el que han participado cientos de neoyorquinos durante los últimos 6 años. Nuestra contribución más profunda a la cultura de la región fueron una serie de presentaciones del Réquiem de Mozart, en el 2016, en conmemoración del 15º aniversario del 11 de septiembre de 2001. Mi experiencia en la organización y dirección de un coro de este tipo, compuesto por muchas personas diferentes de todos los grupos de edad y condiciones sociales, me da la experiencia necesaria para organizar un coro político que cumpla la misión de nuestra nación de “formar una unión más perfecta”, tal como lo define nuestra Constitución, en la que la cultura clásica desempeñará un papel crucial.

Más importante, he estado al lado del más grande estadounidense del último siglo, el estadista y economista Lyndon LaRouche, hasta su fallecimiento en el 2019, luchando por los mismos principios que nuestros Padres Fundadores atesoraron y por los que lucharon contra el enemigo del que nos independizamos: el imperio británico. Esto me pone en oposición a Schumer y a sus sediciosos patrocinadores de Wall Street.

De Lyndon LaRouche he obtenido una comprensión de la ciencia de la economía física, que la impulsa la creatividad de la mente humana individual. El trabajo de LaRouche en este área fue un avance de la obra de otro gran neoyorquino, Alexander Hamilton, cuyos escritos sobre “el tema de las manufacturas”, el “crédito público” y el  “banco nacional” deberían ser básicos en cualquier clase de historia o civismo de la escuela secundaria, pero con los que la mayoría de los estadounidenses no están familiarizados, y que Schumer y sus patrocinadores monetaristas de Wall Street rechazan.

Una crisis coyuntural

Me postulo para el Senado de Estados Unidos en el 2022 porque nuestra nación y el mundo se encuentran en una coyuntura muy peligrosa. El mundo superó recientemente las 3 millones de muertes por COVID-19, de las cuales más de 575.000 se produjeron sólo en nuestra nación. Mientras tanto, según David Beasley, del Programa Mundial de Alimentos, 270 millones de personas están amenazadas de muerte por inanición este año, si los recursos alimentarios no se movilizan a tiempo. Las grandes potencias, a saber, China, Rusia, India y Estados Unidos, deben unirse en un plan de acción coordinado, no sólo para la distribución equitativa de vacunas en masa, sino para erradicar la pobreza que crea las condiciones para que cualquier enfermedad se convierta en pandemia.


En vez de apreciar esa cooperación, el gobierno de Biden continúa con la reprobable orientación de la política exterior del anterior secretario de Estado, Mike Pompeo, que parecía obtener la mayoría de sus ideas del anterior Presidente Barack Obama, quien nunca conoció una guerra que no le gustara, o un pueblo cuyos civiles inocentes no quisiera asesinar con ataques de drones. El Presidente Trump atrajo la ira de los servicios de inteligencia británicos y de lo que él identificó correctamente como el “complejo industrial militar” en este país por su compromiso inicial de tener “buenas relaciones” con Rusia, China e incluso con Corea del Norte, todo lo cual fue descarrilado por la cacería de brujas en su contra, incluyendo la muy dañina y falsa investigación del “Rusiagate”, de lo cual Schumer fue un cabecilla.


Un cambio de rumbo

Es necesario un drástico cambio de rumbo, de inmediato, si se quiere evitar el muy verdadero potencial de una guerra termonuclear general.

El primer paso para restaurar la soberanía y la integridad de nuestra República es aplastar a Wall Street, y por fin, liberarnos de la City de Londres y del sistema monetario imperial británico. Esto significa convocar una cumbre de al menos Estados Unidos, Rusia y China, tal vez India, para someter a todo el sistema financiero mundial a una reorganización ordenada por bancarrota. El mundo debe volver a un sistema monetario de tipo de cambio fijo y basado en reservas de oro, que fue abandonado por Wall Street y Nixon en 1971. Esto facilitará la concesión de préstamos a largo plazo para grandes proyectos, como los que China está construyendo actualmente a través de su Iniciativa de la Franja y la Ruta.

En Estados Unidos hay que restablecer la Ley Glass-Steagall, que separará y aislará las funciones legítimas de la banca, de la especulación de Wall Street; hay que hacerlo, mientras sometemos a nuestro sistema bancario a una reorganización por bancarrota, como hizo Franklin D. Roosevelt en los primeros días de su gobierno. Pero estas acciones nunca podrán llevarse a cabo a menos de que finalmente acabemos con la inconstitucional Reserva Federal, que dirige el sector privado, y establezcamos un banco nacional que emita billones de dólares en crédito dirigido, no para inflar una burbuja de despilfarro ficticio, sino dirigido a financiar aquellas iniciativas que aumenten la productividad real de la fuerza laboral estadounidense.


Que Schumer rinda cuentas

Si nos uniéramos a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, sería necesario modernizar todos nuestros puertos y ciudades portuarias, y construir al mismo tiempo unos 43.000 kilómetros de ferrocarril de alta velocidad modernos. Necesitamos energía nuclear, y muchas centrales de carbón limpias, mientras hacemos la transición en las próximas décadas a la energía de fusión. Debemos mejorar drásticamente nuestras escuelas públicas, así como establecer grandes programas de aprendizaje para crear una fuerza laboral calificada capaz de construir este nuevo futuro para nuestro pueblo y el mundo. Tanto nuestros sindicatos como los veteranos militares serán importantes para proporcionar liderazgo y formación a una generación joven ansiosa de tener un propósito y una oportunidad para una vida decente.

Exijo que se juzgue a los financieros que han antepuesto su codicia personal al bienestar de millones de personas, amañando los mercados y los tipos de interés, blanqueando el dinero de la droga, financiando el terrorismo y la trata de seres humanos, y todos los delitos similares, que se ejecutan hoy en día a una escala tan masiva que es imposible que los autores sean desconocidos. Y si se descubre que Chuck Schumer ha ayudado a encubrir estos crímenes, haciéndose de la vista gorda, entonces él también debería ser procesado, y llevado a la cárcel donde pueda disfrutar de su jubilación.

No podemos permitirnos el lujo de esperar hasta después del 2022 para abordar estas crisis que tenemos frente a nuestra puerta. Mi campaña para el Senado de Estados Unidos es una campaña para “¡Actuar, y actuar ya!”, como exigió una vez Franklin Delano Roosevelt. Le pido a todas las personas de buena voluntad que se unan al coro político por la justicia, el progreso, y sobre todo, por la esperanza de un futuro digno para todos nuestros ciudadanos.

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