Para una paz duradera, ¡liberen a Marwan Barghouti!

Para una paz duradera, ¡liberen a Marwan Barghouti!

"Les digo que estoy dispuesto, y como yo, la inmensa mayoría del pueblo palestino está a favor de una reconciliación histórica que se base en... dos Estados que convivan en seguridad y paz, y que dé a nuestros hijos y a los suyos una vida sin la amenaza de la guerra ni del derramamiento de sangre"

–Marwan Barghouti en un mensaje al movimiento israelí “Peace Now” (Paz ahora), en enero del 2024

7 de enero de 2024 - Si el Presidente Joe Biden o cualquier otro mandatario de Occidente es realmente serio respecto a una solución pacífica de dos Estados para el llamado conflicto "Israel-Hamas", debe pedir un cese al fuego humanitario de inmediato y exigir la liberación de Marwan Barghouti, el "Nelson Mandela palestino", de la prisión israelí donde actualmente es sometido a inanición y tortura según una denuncia presentada recientemente.

En un artículo editorial publicado el 16 de enero del 2002 en el Washington Post, Marwan Barghouti señalaba la ironía de que "la única superpotencia del mundo [Estados Unidos] se haya visto reducida a la condición de mero espectador, sin nada que ofrecer más que el gastado estribillo de 'detengan la violencia', mientras no hace nada para abordar la raíz de las causas de esa violencia: negarle a los palestinos su libertad". El 15 de abril del mismo año, una unidad de élite de las fuerzas especiales israelíes rodeó la casa de Barghouti en Ramala y lo detuvo. Tras su detención, Barghouti fue sometido a juicio en Israel, durante el cual se negó a recibir asistencia jurídica del tribunal alegando que todo el proceso violaba el derecho internacional según la Convención de Ginebra. Más de veinte años después, Barghouti sigue sentado en una celda de una prisión israelí, y sus palabras siguen hablando la verdad tanto como entonces.

Mientras que los políticos estadounidenses piden la cabeza de los dirigentes de Hamás en estacas y públicamente lamen las botas de Netanyahu y sus compinches, después del 7 de octubre, el número de ciudadanos palestinos detenidos en prisiones israelíes casi se ha duplicado, pasando de aproximadamente 5.000 personas a casi 10.000, con la adición de 4.500 nuevos detenidos, 2.000 de los cuales están detenidos sin cargos.

Desgraciadamente, muchos estadounidenses, tanto funcionarios como gente de a pié, aceptan esta situación y son presa de la propaganda centrada en la "guerra contra el terrorismo", que presenta, en medio de una niebla de amnesia histórica, a todo el pueblo palestino como terroristas violentos con los que no se puede razonar, y mucho menos respetarlos y protegerlos como almas humanas sagradas. Por supuesto, la trágica ironía es el hecho de que los ideólogos de Israel, Estados Unidos y otros países que acusan a todo el pueblo palestino de ser "terroristas bárbaros incapaces de razonar" son las mismas personas que, en la embriaguez de la guerra, han perdido el poder de la razón y se han convertido ellos mismos en terroristas.

La tolerancia de esta narrativa ha provocado la muerte de más de 30.000 civiles palestinos sin que se vislumbre el final, hasta que quizá sean eliminados en su totalidad, que es la intención expresa del Ministerio de Inteligencia de Israel. Al menos Sudáfrica sí ha actuado donde Estados Unidos no lo hizo, al acusar a Israel del delito de "genocidio" ante la Corte Internacional de Justicia, que escuchará las pruebas del caso a finales de esta semana.

Como candidata al Senado de Estados Unidos, pido un cese al fuego de inmediato y la liberación sin demora de Marwan Barghouti. Él goza de gran estima entre muchos palestinos, y también entre los israelíes amantes de la paz que recuerdan su papel en la negociación de los Acuerdos de Oslo. En un momento así, se necesita un líder en el que confíen las dos partes. Marwan Barghouti puede ser la única persona en esa posición.

El propio Barghouti ha manifestado su sincera voluntad de aceptar esta misión, como en sus palabras en el mismo editorial del 2002 al que se hizo referencia anteriormente:

Yo no soy un terrorista, pero tampoco soy un pacifista. Soy simplemente un tipo normal de la calle palestina que defiende únicamente lo que cualquier otra persona oprimida ha defendido: el derecho a ayudarme a mí mismo en ausencia de ayuda de cualquier otro lugar. Este principio bien puede conducir a mi asesinato. Así pues, que quede clara mi postura para que mi muerte no sea desestimada a la ligera por el mundo como una estadística más de Israel en su "guerra contra el terrorismo". Durante seis años languidecí como preso político en una cárcel israelí, donde me torturaron, donde me colgaron con los ojos vendados mientras un israelí me golpeaba los genitales con un palo. Pero desde 1994, cuando creí que Israel se estaba tomando en serio lo de poner fin a su ocupación, he sido un defensor incansable de una paz fundamentada en la equidad y la igualdad. Encabecé delegaciones de palestinos en reuniones con parlamentarios israelíes para promover el entendimiento mutuo y la cooperación. Sigo buscando la coexistencia pacífica entre los países iguales e independientes de Israel y Palestina, basada en la retirada total de los territorios palestinos que fueron ocupados en 1967 y en una solución justa a la difícil situación de los refugiados palestinos, de conformidad con las resoluciones de la ONU. Yo no busco la destrucción de Israel, sino únicamente poner fin a la ocupación que ejerce sobre mi país.

Durante 32 años trabajé con el brillante estadista estadounidense y ex candidato presidencial Lyndon LaRouche, ardiente defensor de un acuerdo de dos Estados entre Israel y Palestina, basado en el reverdecimiento del desierto y en la conversión de la región en una próspera potencia agrícola e industrial.Esta perspectiva fue compartida por el Primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, tal y como se expresó en los Acuerdos de Oslo de 1993. Rabin fue asesinado más tarde por colaboradores del actual Primer ministro de Israel, Bibi Netanyahu, admirador de Genghis Khan. LaRouche, preso político que cumplió cinco años en una cárcel federal, dijo de Barghouti en el 2004: "Hay un hombre en una cárcel israelí, que si [el entonces primer ministro israelí Ariel] Sharon quisiera, y si Estados Unidos presionara a Sharon para que lo hiciera, podría salir de la cárcel como parte negociadora con Sharon, para lograr, o negociar, algún tipo de paz entre los palestinos y los israelíes".

A estas alturas, la reputación de Estados Unidos como supuesta "nación civilizada" ha quedado destruida. Los estadounidenses deben darse cuenta de que nuestro gobierno, con el repugnante anciano senil al timón, es visto con lástima y desconcierto, al que no se debe escuchar ni confiar en ningún asunto. Corresponde a los ciudadanos devolver a nuestra república su antigua reputación de "faro de esperanza y templo de la libertad". Detener el genocidio que está en marcha en Gaza sería un buen primer paso.

Llama a tu congresista y dile que será Estados Unidos el que quedará destruido por nuestra complicidad con un crimen contra la humanidad.

¡Cese al fuego ya! ¡Liberen a Marwan Barghouti!

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